El libro es un buen destino para las fotos
Julieta Escardó y Eugenia RodeyroEntrevistas /
Entrevista a Julieta Escardó y Eugenia Rodeyro. En plena debacle del 2002, fueron de las que dieron esperanzas. No a todos, que no es su menester. A colegas y amigos. Así, los fotógrafos, soñadores de libro propio, un día tuvieron la noticia de que el costo del sueño no lo convertía en frustrante utopía: nacían los libros de fotografía de autor, accesibles a la mayoría. El foco salía de la queja, acaso se instalaba en el propio temor.
Por Jorge Belaunzarán
Hay veces que sólo queda la audacia. Momentos en los que hay que estar despierto, al estilo Thelma and Louise cuando ya huyen de todo. Pero el par de chicas de la película no deja de ser una fantasía masculina. Lo prosaico, que por lo general es lo que cuenta, dice que la fotógrafa Julieta Escardó y la egresada de Ciencias Económicas Eugenia Rodeyro, tuvieron un sueño. Y fueron tras él. Julieta: “Es un emprendimiento desquiciado, porque montarse a hacer una editorial en pleno auge de los e-book y con todo lo que uno sabe de las editoriales, de que no generan grandes ganancias ni nada, es: estas pibas están locas. Creo que algo de locura hay, la dosis proporcional a la que hizo que sostuviéramos este proyecto diez años. Un proyecto independiente, que existió grande gracias a la locura de 300 tipos por año que hacen libros, vienen, nos dicen chicas sigan. De inconciencia también, en el sentido de que bueno, por qué mejor no alquilamos baños químicos para recitales. Y en realidad es un profundo amor a estos objetos absurdos que son los libros, que a mí y a Euge nos desvelan. Y por otro lado mi trabajo ya lo hago todo el tiempo, y cuando trabajo de curadora lo que me gusta hacer es señalar trabajos que considero relevantes e interesantes para mostrar. Aporto mi mirada y mi criterio para que eso se conozca de la mejor manera. En los talleres hago lo mismo: vivo trabajando con los proyectos de los otros, y lo que hago es ver antes que el otro lo que tiene y poder ponerlo a la luz e incentivarlo para que lo muestre. Es como parte de mi naturaleza, diría. ¿No hay libros que te saltan las venas para que lo vean un millón de personas? ¡Por favor! Si está en mis posibilidades, y de hecho el lugar que me estoy construyendo con mi carrera y mis elecciones tienen que ver con eso, básicamente. Y por algo se llama La Luminosa, también, se trata de poner luz sobre las cosas. Que no es más que lo que hace un fotógrafo cuando hace clic y decide que hasta acá te muestra y hasta acá no; todo el tiempo te está señalando: mirá mi foto, mirá, mirá, mirá.”
Algo abrumada por la contundencia de su socia, Rodeyro dice que llegó a esto que es La Luminosa y la Feria de Libros de Fotos de Autor por su “profundo amor por libros; siempre, desde chiquita. Soy graduada de Ciencias Económicas, no tengo formación como fotógrafa, y la verdad que agradezco la oportunidad que me dio Julieta al invitarme a participar hace muchos años. Mi aproximación a la fotografía sigue siendo muy intuitiva, y ella me abrió como todo un mundo.
En tren de soñar y sin temor a que les diagnostiquen delirio, dicen que estaría bueno que alguna instancia estatal a nivel nacional, provincial o municipal solventara la idea/proyecto de que tantas fotografías circulen y se preserven. Pero no se quejan, claro. De qué, si de la nada, como dicen, hicieron tanto. ¿Qué es lo que tanto hicieron? Algo de historia, en principio a cargo de Escardó.
“El formato libro siempre es muy afecto a los fotógrafos, es un buen destino para las fotos. En 2002 éramos varios los que teníamos libros pequeñitos, muy caseros, te diría casi como una serie de fotos editadas con cierto criterio; cartulinas y anillados. Y circulaban así hasta ese momento; se comentaban entre amigos y conocidos; era una cosa casi clandestina. Y por otro lado, trabajando en la galería El Ecléctico, nos daban ganas de mostrar el trabajo de varios fotógrafos que tenían muchos libritos pequeñitos, como seis. La lógica indicaba que teníamos que resolver esas fotos, como copiarlas y mostrarlas. Pero de algún modo estábamos empeñadas en mostrar los libros, porque eran relatos que se entendían mejor en ese tamaño, como libros, que tiene un autor que le cuenta a un lector esa historia, y no a muchos. Ahí nos empezamos a preguntar cómo podíamos mostrar esos libros. Cómo definir esa situación ideal en la que cada uno disfrutaba más de la lectura. Entonces uno dijo: a mí me gusta en el living de mi casa, escuchando buena música, me gusta escuchar jazz, me gusta una luz por atrás, me gusta tirado en la cama. Bueno, recreemos ese espacio ideal para proponer la lectura de estos libros. Y nos dimos cuenta que era tal el despliegue, que no tenía mucho sentido hacerlo para esos pocos libros. Ya que habíamos llegado a ese formato, invitamos a todos los amigos fotógrafos que tuvieran libros. Y en ese primer año fue un fin de semana, y había 80 libros de 60 fotógrafos amigos o conocidos, esa suerte de lugar de lectura ideal lo armamos con el fletero amigo: íbamos a la casa de los amigos desvalijándolos, dame tu sillón, dame tu cama, tu mesa, y armamos atrás del Ecléctico lo que fue la primera feria. Ya al año siguiente lo hicimos cincos días. De a poquito iba creciendo, porque se fue ampliando a través de los primeros hacia sus grupos de amigos y conocidos. Y podríamos separar como dos grandes rubros. Por un lado los libros de artistas, que generalmente es un solo ejemplar y es una obra concebida para ser única, a lo sumo una serie de cuatro o cinco en algunos casos. Y tiene que ver más con el formato de libros objetos, donde la forma excede a tapa, contratapa, lomo, página, es más objetual; la forma responde al concepto de libro en el mejor de los casos, y tienen como una búsqueda formal mucho más experimental si se quiere. Por otro los que llamamos libros de fotos de autor, que a veces son prototipo de edición en el sentido de que son libros únicos hasta que encuentran un editor que los convierte en ediciones publicadas o ediciones independientes a veces editadas por los mismos fotógrafos o por una editorial pequeña.
Rodeyro : Hay una convocatoria abierta que arranca todos los años en marzo, que permanece durante tres meses y se reciben entre 400 y 500 libros por año. Y no sólo de Argentina, mandan de España, México, Colombia, Canadá, Estados Unidos, y hay todo un proceso anterior a la feria que es una especie de curación en el que se admiten los trabajos, se los cataloga, se los ordena. Porque el catálogo es una herramienta vital que hace al contacto de los lectores con el libro, y además también los ordena genéricamente: documentales, de viajes.
Escardó: En un momento, por más que resultara arbitraria, surgió la necesidad de armar una suerte de clasificación por género, porque hasta ese entonces estaba ordenada por orden alfabético, y la gente que venía no sabía ni por dónde empezar. Ahí empezamos a separar por género.
Rodeyro: Imaginate que llegás y tenés 284 libros en exhibición, ¿qué quiero ver?
Escardó: Y está atendida por los autores, que es fundamental para nosotros, tiene que ver con el espíritu de la feria. Ellos ofrecen sus libros, los comentan comentarlos, asesoran al público; incluso está buenísimo para los autores: reciben la devolución de la gente que mira sus trabajos, están en contacto con otros autores. Siempre la feria funcionó como un laboratorio de ideas: los fotógrafos vienen y dicen: ya me di cuenta cómo voy a hacer ser mi libro el año que viene, esto me sirve para, o le voy a preguntar a tal sobre tal cosa.
Rodeyro: Y el público no sabe, entonces puede decir: dame otro que éste es aburrido, y se lo está diciendo al mismo autor. Pero ese recorrido que le propone la feria al público es lo lindo.
Escardó: No es como si fuera una exposición de artes visuales, nos interesa mostrar libros. Nos interesa cómo los mostramos, la experiencia, lo que pasa ahí adentro; nos interesa que un hecho tan privado como leer un libro, que uno siempre lo haces en casa, generalmente solo, cómo se vuelve: che, mirá esto; qué estás leyendo; quiero aquel. Como una biblioteca pero mucho más vital. Por lo general las bibliotecas son para los investigadores, los estudiantes, no esa cosa de encuentro, por eso todo el despliegue de los sillones y no sé qué, porque si no sería más fácil hacer estantes o apoyarlos ahí y que la gente parada pase y mire, pero es muy importante para nosotras ver a la gente. No me canso a pesar de que llevamos años: me paro ahí y miro, y veo a gente que se ríe sola, gente que se emociona, gente que está dos horas con un libro. Eso me parece importante. Y de hecho cuando nos invitan a llevar la feria afuera, lo que más nos preocupa, además de que los libros viajen y vuelvan en buenas condiciones, es que nos puedan propiciar un espacio para que esto suceda. Si nos invitan y no hay un espacio similar a éste, no vamos. Es parte de lo que nos gusta.
Rodeyro: Otra cosa muy significativa es que ningún libro que participa de una edición puede volver a presentarse. Y si el autor no lo edita y publica y no está guardado en ningún lugar, se pierde. Y nosotros queremos que eso no se pierda. Imaginate que pasan por acá, te encontrás con el trabajo de 300 autores que por ahí te interesan ver, y que en muchos casos se pierda. Ahora estamos trabajando en un libro sobre los diez años de la feria, y nos cuesta dar con los libros que estén en esa edición. Y salvo los fotógrafos con los que estamos en contacto, hay que rastrearlos. En otros lugares hay bibliotecas públicas que vas y podés ver mil libros de fotografía de ejemplares únicos, como acervos de colección. Acá no hay eso ni tampoco el hábito dentro de los coleccionistas comprar libros de artistas. Uno de ellos nos dijo: a nosotros nos interesa exhibir lo que tenemos, pero un libro de fotografía es muy difícil de exhibir entre conocidos; tengo que sentarlos, invitarlos a comer y después a la noche sacar mi libro. En cambio con las artes visuales la exhibo y listo. Hay muy poco coleccionismo aún. Eso de que los libros que pasaron una vez no vuelvan a presentarse tiene que ver mucho con la propuesta editorial de La Luminosa: hay tan buen material que si no tenés un mecenas, un filántropo, un editor o el autor no decide ponerlo en circulación de otra manera, se hace difícil preservarlo y rescatarlo. La propuesta de La Luminosa es muy amigable con los autores, en términos de proyecto: hacer pequeñas ediciones numeradas, o seriadas, todas ellas reeditables porque es impresión por demanda. Hacemos ediciones de 50, 80, 100 o 200 de acuerdo a la demanda que cada autor piensa que puede tener su libro. Y los libros también son económicos para el comprador, no un delirio de que tengan que pagar como 500 pesos.
Escardó: El tiempo que le dedicamos, además, porque los fotógrafos somos quisquillosos, detallistas, y nos gusta ver nuestro trabajo como impecable. Y eso lleva muchas y muchas horas. Primero en términos de edición hasta llegar al mejor formato de ese proyecto de libro, después un largo proceso en la imprenta, donde probamos que cada libro tenga el papel que queríamos para cada trabajo en particular; o sea que son muchas semanas de horas y horas y horas. Y después el laburo de presentación, que el trabajo se muestre, se conozca. Hay veces que esos pasos deciden evitarse, porque son ejemplares únicos. Incluso hay otros que mejor que fueran editados de a miles, por sus características.
Rodeyro: Este es un proyecto asociativo entre la editorial y los fotógrafos. Y está planteado en términos de tener un recupero de la inversión rápido y posible.
Escardó: Pero como sucede en otros oficios los autores que deciden editar un trabajo y hacer un libro bien saben que esa inversión, sea la que fuera, vuelve muchas veces en cantidades superiores pero en otros valores: propuestas de muestras, mayor reconocimiento, venta de obras. Que los fotógrafos sepan que la inversión no es tan grande, que se puede recuperar una parte pero que el valor simbólico de tener un libro en circulación va a ser legitimante en alguna parte y hará más visible su trabajo. Es mucho más que lo económico.
Y como quien no cree lo que está sucediendo, literalmente, que le hagan una nota por su proyecto, dicen, al borde la nerviosa carcajada: ¿está bien? *
37