Sigur Ros ¿El sonido de la nueva era? Puede ser (Parte II)
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Varias voces anuncian el final de una época. En la música, muchos claman por una irrupción artística como fue la de los 60. Su aparición no se ve. Acaso porque se espera que llegue en un llamativo bólido, en vez de en transporte público. Aquí algunas intuiciones. A falta de certezas.
Por Jorge Belaunzarán
No lo sacamos de ninguna parte, simplemente lo inventamos -explica Georg Hólm, bajista de la banda a la que no le gusta dar muchas entrevistas y prácticamente el único que habla cuando las dan-. Era una especie de broma que viene de nuestro primer álbum "Von", derivaciones de esta palabra. Creo que no hay muchas bandas que hagan esto. Lo que cantamos no tiene ningún significado. Pensamos que la forma en que escribes las letras de las canciones es la misma forma en la que se compone la melodía, una melodía vocal. Esto demuestra que la música no tiene lenguaje. La gente puede disfrutar de la música sin necesidad de entender el significado de las palabras o sin saber sobre qué va la canción. En nuestro caso, lo que cantamos no tiene ningún significado traducible."
Más que insólitas, sus respuestas son desconcertantes: quedan lejos del entendimiento de los que fueron configurados en un mundo que supo tener bloques enemigos, Muro de Berlín y al que le faltaban computadoras. Parece que no les interesa nada, cuando en realidad lo que les interesa es otra cosa. El asunto parece ser que nadie sabe bien qué es lo que les interesa. Incluidos ellos.
Entonces, el mismo Hólm, también puede decir sobre su multipremiado disco (): "La verdad es que ninguno de nosotros podía esperar nada así. De hecho, preferíamos no esperar nada para no acabar decepcionados". Aquello que en general en los nuevos del mundo es tomado como apatía, ellos ya lo vislumbraban como necesidad. Distinto al No Future, repleto de expectativas, y por eso visto desde el presente, tan pero tan decepcionante. Invertir la ecuación parece ser como tener la varita mágica.
Como el 2001 argento o el 2011 europeo: si la expectativa es nula, entonces el mundo probabilísticamente está más cerca de la aventura. Esa que el gran García anunciaba en defunción hacia inicios de los 80: "este mundo exclamará por siempre la película que vi una vez" (0jos de video tape). Si como el mismo Hólm dijo en otra entrevista, "no intentamos decir a la gente cómo experimentar o interpretar nuestra música, cada uno debe hacerlo a su manera", entonces no hay pecado en decir que Charly se refería a los dorados 60, aquel tiempo idílico a nivel mundial que terminó en diversas masacres de distinto tipo que hirieron y lastimaron por demás. Un tiempo que el tiempo hizo idílico: es condición del tiempo catapultar a idilio, no del presente. El presente es rico; por incierto, básicamente. De ser certero, aproxima al aburrimiento. Y pocos anhelan estár en esta única vida para aburrirse.
Y en esa música que parece hecha para volar, de un vuelo que aún está por descubrirse, no hay ruta. La ruta es el mismo vuelo, si se quiere. Diferencia difícil de salvar para los progenitores de los nuevos del mundo, configurados en un mundo bipolar en el que las cosas sólo podían estar bien o mal, se partía para llegar a una parte y desde las heladeras hasta el amor, todo era para toda la vida. Un vuelo que está más conectado con un pasado remoto que con uno apenas pretérito. Como contaron en esta revista una vez Los Tekis: en una de sus periódicas recorridas por Jujuy en busca de músicos y sonidos y descubrimientos, conocieron un músico extraordinario sobre el que enseguida supieron que nunca había estado en San Salvador; entonces le propusieron presentarse con ellos, darse a concer y conocer la capital provincial, y el hombre, en sus 70 años, respondió: ¿le parece?, con todo lo que me falta por concer acá.
Desde que la burguesía comenzó a revolucionar el mundo y llamó a su música clásica (y al ritmo en que conquistaba el planeta le endilgaba una calidad y sensibilidad superior a la de los territorios que iba conquistando), la sensación es que no hubo momento más incierto. Porque si en sus inicios su triunfo final estuvo puesto en duda, el éxito en las primeras batallas velozmente estableció certezas inexpugnables, a las que su supuesto enemigo, el marxismo, corroboró en vez de refutar, convirtiéndose en la otra cara de la misma moneda más que en un nuevo valor de uso, y de cambio. Sobre todo de cambio.
En el aire, hoy, la incertidumbre casi total. Aunque esta vez, antes que a los botes, hay que correr a las bicis, los skates, o los rollers. El gran secreto de los nuevos parece ser saber mantener el equilibrio. *
(Continuará)
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