Las olas, el viento y el Folk Rock

08.12.2011 | 15.28 Comentar   |   FacebookTwitter

The Byrds
Espectáculos /  El martes 13 en el Coliseo, toca por primera vez en la argentina Roger McGuinn, ex líder de la legendaria The Byrds. Nadie en ese momento percibía que con ellos el rock concluía su formación definitiva: con la ampliación de su influencia al folk copaba los géneros fundamentales y así se ramificaba a toda la música popular, convirtiéndose en la más importante de la historia.
Por Jorge Belaunzarán

Entre los hitos iniciales del rock, está The Byrds. The Beatles siguió la línea Elvis Presley y la hizo inglesa; pasó de los ojos redondos como un dos de oro y la risita fácil del plop!, a la ensoñación profunda, existencial, de una alegría que se tomaba en serio y por eso resultaba tan alegre. The Rolling Stones tomó de los negros el blues y el Rhythm and Blues que había precedido al rock and roll para darle textura, sensualidad y color al rock. Bob Dylan se metía con las profundidades de su patria para dar el salto al siglo XX y enseguida electrificaba el folk (y así hacía saltar su música al siglo XXI, aunque todavía no lo sabía) y como aquel meteorito de millones de años atrás, borraba a los dinosaurios de la faz de la tierra, generando una nueva era en la composición musical. ¿The Byrds? No se sabe bien. Pero fueron importantes para todos los nombrados. Influyentes, como se comenzó a decir en los años tardíos del rock. ¿En qué? Le dio al rock el sol y el surf que le faltaba. En el lenguaje de las clasificaciones, con el sol creó el folk rock, y con el surf, abrió las puertas a la psicodelia. Así, dio forma a la cuarta de las dimensiones sobre las que se sostendría durante más de medio siglo la música más popular de todos los tiempos, el rock.

No es poco, claro. Y su aporte nunca dejó de ser reconocido. Pero se los escuchó a través de otros más que de sí mismos. Formados en 1964, en breve fueron considerados respuesta norteamericana a los Beatles. Una pavada como la mayoría de las rivalidades que explotó la industria en su afán de mayores utilidades, y que ni siquiera cuando les resultó redituable como en el caso Beatles-Stones impidió que se mostrasen juntos y pasaran consejos.

Eran los Beatles quienes los mataban. Roger McGuinn enloquecía con el sonido que le daban a la guitarra, así que se trató de conseguir una Rickenbacker 360/12, que era la que usaba Harrison, pero sólo consiguió una Rickenbacker 360, que era un modelo más nuevo. El punto parece tonto, pero es de bella ternura: comprarse los botines que usa Lionel Messi para jugar como él. Con esa frescura harían música, sin saber que precisamente en eso, en la frescura, estaba una de las diferencias más notables con el pasado de los que hacían los nuevos sonidos.

Roger McGuinn, David Crosby, Gene Clark formaban The Jet Set, un trío de folk. El sonido beatle le empezó a quemar las entrañas, y sumaron a Chris Hillman y Michael Clarke para hacer un quinteto, y hacer algo a distinto, algo que fuera lo más beatle posible. Y lo consiguieron. Lo más extraño y al mismo tiempo lógico es de la mano de quién lo hicieron.

Cuenta la leyenda que al contratarlos, Columbia tomó sus buenos resguardos frente a temibles fracasos. Le impuso productor: Terry Melcher, que los igualaba en edad, algo que cae poco bien entre los jóvenes que sienten que están para comerse el mundo. Pero el tal Melcher venía con banca: era el hijo de Doris Day; y por las dudas conocía bien del pop y el surf (musical). Melcher y Jim Dickson querían trabajar en "Mr. Tambourine Man", el tema de Dylan que el propio Bob había grabado para World Pacific Studios con más pena que gloria.

El segundo punto era que sólo le habían hecho contrato a Dickson, Crosby y Clark, pero todos quedaban ligados a la disquera. El contrato, además, era sólo por seis meses, y daba derecho a grabar apenas cuatro temas. Si en ese tiempo y esa cantidad, no había éxito comercial, fuera.

El 20 de enero de 1965 tenían fecha de grabación, y todos estaban ahí. Pero sólo a McGuinn le dejaron tocar su Rickenbacker de 12 cuerdas. El resto (batería, bajo, otras guitarras) corrió por cuenta de secesionistas: no consideraba que los originales The Byrds estaban capacitados para grabar rápido y bien.

Ni una ni la otra: "Mr. Tambourine Man" debía estar en la calle en febrero, pero no llegó; Columbia temía que quedaran opacados por el lanzamientos de nuevos simples de los Beatles y los Stones. Lo que hubo fue otra sesión de grabación, en esta vuelta con todos los músicos. Dice la leyenda que como la discográfica no se decidía, no había presentaciones en vivo y la ansiedad los carcomía, estuvieron a punto de separarse. Con la osadía y el riesgo que suele caracterizar a los grandes sellos discográficos, finalmente Columbia se decidió. Los cuatro de Liverpool, los cinco de Londres, y el oriundo de Minnesota, aplaudían de pie. El círculo del rock, estaba completo.*
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