George Harrison: el hombre invisible
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Una década sin un Beatle es algo a lo que John Lennon acostumbró al mundo. Pero no por eso la falta molesta menos. Y más en un tiempo de cambios de la misma envergadura que ellos protagonizaron. Fue el Beatle menos sobresaliente en el inicio, el más iluso cuando se separaron. El que más creció a partir de esa fabulosa experiencia de los cuatro de Liverpool.
Por Jorge Belaunzarán
A John Lennon, siempre obligado a dar respuestas al mundo, le molestaba un poco su posición de Beatle solitario, o tranquilo, como la prensa lo había dado en llamar. Años después, él, Lennon, lo llamó el hombre invisible. Y con el reproche de la envidia que era incapaz de ocultar, dijo que le hubiera gustado ocupar su lugar y aprender todo lo que Harrison había aprendido de él y Paul McCartney.
Todos los Beatles fueron distintos, y en buena media eso hizo de ellos la genialidad que fueron. Pero Harrison ya venía distinto: era el único que no tenía sus padres separados. Era distinto por lo común. En esa época lo no común era tener los padres separados. El dolor único que sentían Lennon, McCartney y Ringo Starr, Harrison no lo compartía. En ese cuarteto en el que varios años después reconocería que se rió de lo lindo durante mucho tiempo, tuvo que aprender qué era el dolor. Lo máximo que había experimentado era una enfermedad que lo dejó internado por unos días, pero que tuvo un gran rédito: le sirvió para aprender a tocar la guitarra.
También, años después, cuando la perspectiva da la confianza para decir aquello que se sospechaba en el momento de ocurrir, Harrison dijo que probar LSD le cambió la vida radicalmente. "Hasta que probé LSD nunca me había dado cuenta de que había algo más allá de este estado de conciencia. Pero la presión era tanta que, como dicen, 'debe haber alguna manera para salir de esto' (All Along The Watchtower, de Bob Dylan). Para mí, definitivamente fue el LSD. La primera vez que tomé, estalló todo. Tuve una sensación de bienestar tan sobrecogedora, que sentí que había un Dios, y que yo podía verlo en cada hoja de pasto. Fue como ganar cientos de años de experiencia en 12 horas. Me hizo cambiar, y no había modo de volver a lo que era antes."
Harrison llegaba por otro camino lo que parecía latir dentro de la pareja compositora Beatle, Lennon-McCartney. Y su creatividad comenzó a crecer exponencialmente, al punto de terminar generando los celos de McCartney. Hasta entonces, parecía que lo que los demás padecían por ser tratados como monos de zoológico, él lo veía con la risa del que no se sube al podio. Something y Here Comes The Sun (ambos de Abbey Road, aunque su participación se ve desde Help! y crece en Rubber Soul, Revoler y Sgt. Pepper's) son una acabada demostración de su meteórico crecimiento. Y ahí, quien ya no era el benjamín que sin la mayoría de edad había integrado la banda desde las alocadas noches de Hamburgo, comenzó a ser un incordio. En lo expreso, con McCartney, en lo implícito, con Lennon. Cansado él también de la banda, la pelea de la otra parte creativa le venía bien para tomar distancia. Acaso nunca imaginó que Harrison tomaría tanta. De hecho Harrison se quedó con las ganas de abrazarlo antes de su asesinato: en su autobiografía, I Me Mine, ni siquiera nombra al gran John, quien más allá de todo lo que se puede pensar del ego y de cómo se manifestaba en él, se enojó en todo su derecho. Harrison se quedó con las ganas de mostrar gratitud a quien fuera una de sus fomadores.
Así como fue el menos visible, fue el más iluso. Abrazó el hinduismo como verdad revelada, y si algo sabía el resto al final de los Beatles, que si algo no había era verdad revelada. Y menos en un mundo que ya no tenía a The Beatles. All Things Must Pass, primer disco triple de la historia y verdadero discazo, conquista a almas en fuga (del mundo, sus problemas, de su razón de ser) en base al encantador My Sweet Lord y la bella What Is Life. El concierto por Bangladesh y una vida que se hace cada vez más dura, en su sentido ingrato. De alguna manera su autobiografía entra en sintonía con la ingratitud que va tomando el mundo. Y se olvida del gran John, por qué la primera baja de esa ingratitud.
De hecho en sus años ilusos resultaba más gentil: a su amigo Eric Clapton no le reprochó engancharse con su ex Patty Boy; directamente ni se interesó si se engancharon antes de que terminaran o un rato antes: a los efectos prácticos, nada cambiaba; menos si podía perder el amigo que resultó Clapton.
Hacia fines de los 80 (década que no le resultó simpática, el asesinato de Lennon le hizo aumentar la seguridad personal y experimentar cierta fobia a los lugares públicos), algo de ese iluso volvió, y formó a partir casi de una sesión, la genial superbanda The Traveling Wilburys con Bob Dylan, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison.
Luego, el doloroso final. Y ya una década sin la mitad de los Beatles. Un mundo nuevo. No llegaron a ver la aparición de la generación que parece sucederlos. *
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