La música es tan abstracta que puede hacer lo que quiera
Santiago Feliú.Entrevistas /
Entrevista a Santiago Feliú. Toma la guitarra como un zurdo pero las cuerdas las tiene acomodadas como un diestro. Dicen que por eso nadie le puede copiar el sonido. Él prefiere no decir mucho. O directamente nada. Y menos ante el periodismo. Le cuesta hablar. Lo que los otros ven como su dificultad, en él, al sentirse mirado, se agiganta al punto de dejarlo mudo. De todas maneras dice un montón. Sólo que hay que acomodar un poco la escucha para entenderlo bien y pronto.
Por Jorge Belaunzarán
La primera que salí de Cuba vez fue en el 81 a Nicaragua. Era justo el segundo aniversario de la Revolución Sandinista. Fue muy impactante para mí porque había una euforia popular increíble. Y a los pocos meses fui a Suecia, y fue también flasheante, porque había nieve, era un país altamente desarrollado. Y ahí en los shows había un intérprete. Y yo hablaba normal, fácil, fluido; y al parecer, al no entenderme nadie, como que estaba bárbaro. Una cosa muy curiosa. Después en países así, Alemania, Holanda, era igual. De repente había un intérprete...
-Total no me entiende nadie.
-Jajajaja, claro, total no me entiende nadie. Ay esto de hablar...
Y en el quedo, en la imposibilidad, Santiago Feliú dice lo que los normales, los que hablan de corrido como como él no puede, difícilmente podrían decir: habla, habla, habla, total nadie te entiende; acaso jamás lo haga. ¡Ay qué libertad! La libertad de decir sin preocuparse ni ocuparse de ser entendido como se quiere ser entendido. Y así y todo, ser aceptado, querido. Una comunicación de otro estilo, a la que nadie se refiere cuando acusa que el problema es de comunicación: claro, siempre se dice que la culpa es del que no habla, nunca del que no sabe escuchar, leer, ver, sentir, sintonizar. Feliú se comunica con canciones, que es lo que más y mejor le sale. Y en esa decir con canciones y decir poco y entrecortado en habla, revela también, por asociación libre, relación de algún lejano grado o por omisión, que aquel o aquellos que en su corrección política pusieron el nombre de capacidades especiales lo que se consideraba dificultad, dieron en el clavo: sin esas capacidades especiales antes llamadas dificultad difícilmente se pudiera decir como Feliú: digo, total nadie me entiende.
“De niño fui al médico y todo ese tema, pero lo que pasa es que no... no... Después nos mudamos de casa y no pude ir más. No le di bola mucho tampoco a eso. No hice así disciplinadamente el entrenamiento, ejercicios y otras cosas." Y así termina la entrevista presencial. ¿Con qué derecho presionar a la incomodidad, con cuál dejarlo de lado para una entrevista? Ninguno, por supuesto. Así que el resto fue por mail.
-Está considerado como parte de La Nueva Trova, pero es un poco tardío. ¿Cómo vivió esa situación, tipo la del benjamín del grupo?
-Soy como la segunda generación de ese movimiento que ya no existe. La verdad es que disfrute mucho eso del benjamín porque como era una promesa de la canción, pude visitar muchos países de América y Europa desde los diecinueve años; me mandaban y me invitaban a cuanto festival que había de la canción, algunos incluso competitivos, así que digamos que la pasé bomba, conociendo países, gentes, músicas, presentándome en diversos y distintos escenarios, aprendiendo gozadamente.
-Más o menos, ¿qué características definen a La Nueva Trova?
-La Nueva Trova es la trova que nace con la nueva Cuba del 59, el arte de trovar, es decir la canción poética, patriótica y social viene haciéndose en Cuba desde fines del siglo 19... A mediados de los sesenta influenciados por la trova tradicional, el rock y nuevas tendencias musicales y poéticas, aparecen los trovadores que fundan este Movimiento organizado con festivales, simposios y debates sobre la importancia de la canción en la sociedad; también traían una canción contestataria y revolucionaria. Para ingresar en el movimiento pasabas por un jurado que te aceptaba según tu calidad interpretativa, guitarrística, los versos, en fin, a mí por ejemplo me tocó Pablo (Milanés) ese día; me moría de miedo, tenía dieciséis años, conocía a Silvio desde pequeño por mi hermano, pero a Pablo no... Años luminosos para los trovadores de todo el país. Luego Silvio me llevó a su gira por España, Colombia, Venezuela, Uruguay y Argentina en el 85, ¡así que vaya benjamín suertudo que me tocó!
-Cuando vino a la Argentina por primera vez se lo difundía como el nuevo Silvio Rodríguez, ¿le molestaba esa comparación?
-Es como le pasaba a Messi con Diego (Maradona), molestarme no, pero la verdad es que la influencia de Silvio digamos que la absorbí, la sufrí y sobre todo la superé. La influencia más importante que tuve de él fue aprender a parecerme mucho más a mí mismo, y eso hace bastante que lo aprendí.
-Hubo algún motivo especial para que haya tantos años entre un disco y otro (“Sin Julieta”, 2002, y “Ay, la vida”, 2010).
-No, tengo un montón de canciones sin versos. Lo que pasa es que espontáneamente me salen músicas en plan canción como estructura; luego escribir versos sobre esas músicas me cuesta, casi siempre espero al límite de la necesidad de escribir porque ahí es donde me llega el dictado de quién sabe dónde, quién o qué.... También sigo viendo el disco como obra de arte; no fabrico canciones, las hago sin concesiones. El caso es que voy a mi aire... Como dice Leonard Cohen, si supiera de dónde viene la poesía, lo haría más a menudo.
-¿La música acompaña los momentos que vive una sociedad o puede ir por su propio camino?
-La música es tan abstracta que puede hacer lo que quiera en todo momento. Ciertas canciones se hacen en momentos álgidos de la sociedad; pero creo que la música como tal es libre, como quisiera ser la sociedad, ese es su camino.
-En ese sentido, ¿cómo describiría el derrotero de la música cubana de las últimas décadas?
-Creo que los mayores cronistas populares de Cuba de varias décadas son los Van Van de Juan Formel.
-¿Podría señalar momentos cruciales, especie de hitos en la canción cubana?
-Sindo Garay, Miguel Matamoros, Adolfo Guzmán, Juan Formel, Silvio y Pablo por solo mencionarte unos pocos de diferentes etapas, porque sí que es larga la lista de grandes compositores.
-¿Cómo se relaciona la Nueva Trova con todo el movimiento de salsa y de jazz que tiene Cuba?
-Recuerda que la Nueva Trova hoy es solo un cartel que quedó para los trovadores. Yo no soy Nueva Trova, vengo de allí pero ya te conté lo que es....pero bueno, sí que hay relación entre músicos y trovadores. El trovador no viene de escuela y los músicos generalmente sí, de manera que muchos acompañan a trovadores, claro.
-¿Recuerda el preciso momento en que sintió que la música era como una tabla de salvación?
-Por suerte no tuve ni que buscar un camino, una carrera o una profesión, nací con una guitarra y trovadores a mi alrededor, siempre quise ser lo que soy.
-Antes de ese momento, ¿puede más o menos contar cómo era su vida? Más que nada alguna anécdota que pinte o represente cómo vivía cotidianamente.
-Dejé la escuela a los catorce años; mi madre sabía que yo solo quería cantar y guitarrear y me apoyó. Estaba harto de las matemáticas, física, química, así que me fui a buscarme por las calles, durante la primaria y hasta octavo grado cuando la dejé. Canté también en festivales estudiantiles, matutinos etc... Nada, chico: zafé hasta del servicio militar con la trovadora. Luego vino la Nueva Trova y enseguida, a los diecisiete empecé a trabajar como profesional en una empresa artística que me programaba conciertos por el país.
-¿A qué atribuye su manera de tocar la guitarra, que lo hace con la izquierda pero no con las cuerdas en posición de zurdo, sino de diestro?
-Quién sabe por qué se me ocurrió agarrarla así. Fue como a los cinco años. Además todo lo hago con la derecha, siempre será una incógnita.
-¿Le hubiera gustado aprender y componer música a través de otros instrumentos? ¿Cuáles?
-Intenté estudiar música cuando empecé a trabajar como profesional porque lo exigían para una evaluación para subirte el sueldo. Existían categorías A y B: los B eran los empíricos, digamos. Empecé en una escuela de música y solo estuve unos días porque como ya viajaba constantemente, cuando regresaba ya estaban muy adelantados y yo no me enteraba; claro, también mi vagancia innata....Ya treintón me conseguí un piano y ya tengo canciones compuestas en él; de hecho las canto en mis conciertos y por primera vez las grabo. Es interesante porque sale otra canción; luego un poco de armónica y el cajón.
-¿Con quién le gustaría haber podido componer un tema y no pudo hacerlo?
-Con nadie, solo hice una canción con Sabina aquí una vez en un hotel. Le cantaba la música y él escribía los versos; fue mágico, muy bonito.
-¿Cómo se ve en los próximos años con la música? ¿Haciendo canciones o buscando nuevos caminos musicales?
-Las dos cosas, que en definitiva es lo que siempre hago, buscar canciones con nuevos caminos musicales y poéticos, una canción de arte.
En un mundo quejoso de sus faltas y de su imposibilidad de ser completo, Feliú hizo de la suya casi una forma de vida. Que después de todo es como cualquiera hace la suya: nadie es completo, a todos algo le falta; la diferencia es que se arropa, se disfraza, se oculta. La de él se ve a simple vista. “Y sí, la mirada del otro me jode, y me pone peor además. Lo que pasa es que lo mío se ve, no como lo de la mayoría de la gente. Yo desde que comienzo a hablar ya me estoy deschavando.” Y sonríe en su forma de decir sin hablar. *
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